Editorial: Ya no se escuchan esos aplausos

(Por Eduardo J. Bidegaray)
Era puntual. A las nueve de la noche comenzaban los aplausos desde el interior de las casas, balcones, patios y pasillos, en el que nos aunábamos todos para homenajear a quienes desde la primera línea, se entregaban todos los días poniéndole el pecho a la pandemia desde su lugar de trabajo. Era el modesto, justo y merecido homenaje al personal del sistema de salud principalmente, pero también para los recolectores de residuos, los conductores del transporte público, para el personal de seguridad pública y privada, para los miles de trabajadores que aseguraban el abastecimiento de alimentos, combustible y demás productos de primera necesidad.

No era mucho. Eran solo aplausos. Pero era decirles gracias todos los días.

Sin embargo, la fuerza de ese reconocimiento rápidamente se fue diluyendo, con la misma celeridad con la que comenzaron a instalarse las prédicas divisionistas, los enconos y las disputas, a las que como sociedad somos tan afectos. 

Lamentablemente, perdió importancia lo verdaderamente importante.

Hoy, y desde hace ya un tiempo, no se escuchan más aplausos. No porque no haya motivos. Sino porque no nos importa homenajear a nadie. 

¿Quién escuchó hablar de Silvio Cufré? Fue el primer muerto por coronavirus del sistema de salud en la Argentina. Era enfermero en el Instituto Médico Brandsen.

¿Quién se acuerda de Cristina Lorenzo? Murió por coronavirus y se desempeñaba como enfermera en el cuarto piso del ala central del Hospital Central de San Isidro. Y por más que ya había iniciado sus trámites de jubilación, no dejó de  entegar su vida al servicio público, atendiendo a afectados por Covid-19.

Cufré y Lorenzo son más que dos nombres, son integrantes de una larga lista de gente que murió siendo ejemplo de solidaridad en medio de la pandemia, sin esperar nada más que cumplir su deber.

Sus ejemplos debieran conmovernos. Sin embargo se tiende más a ser indiferentes, como ocurre con el creciente número de infectados y muertos que diariamente conocemos como consecuencia de la pandemia, pero que ha pasado a ser un número más, a veces menos importante que otros números como la cotización del dólar o los días que van de cuarentena.

En plena conmoción al inicio de la pandemia, se pensó que el cimbronazo podría ser motivo para que nos replanteáramos muchas cosas como sociedad. Hoy podemos decir que eso no ocurrió. Y afirmar que no va a ocurrir. Triste.