Cuando trabajar con las manos es sanador

(Por Ana María Scardaccione). Estuvimos en la cálida casa de Verónica Palazzi, en Beccar, artesana muy seguida en las redes, quien nos abrió las puertas y también su corazón contando cómo y por qué empezó su trabajo artesanal reciclando objetos y creando preciosuras de distinto tenor.

“Soy egresada de Bellas Artes, y  si bien empecé pensando en hacer escenografía, luego me gustaron todos los talleres, así que hice de todo: escultura, pintura, grabado, después empecé a dar clases de plástica en escuelas y cuando tuve a mis hijos me dediqué de lleno a criarlos. Fue una etapa que disfruté mucho y cuando fueron más grandes, volví a la enseñanza en la escuela, pero finalmente dejé, porque me superó el estado de la educación en general y de la violencia en las aulas. De no ser por algunas situaciones que no me gustaron, hubiera seguido”.

“Con los chicos ya grandes empecé con un emprendimiento que llamé ‘Nada se pierde’ ,muy caseramente, con unas hormas de zapatos que encontré por ahí, les hice decoupage con papeles de revista que recortaba, súper terapéutico.”

Vero nos cuenta que comenzó sin hacer grandes inversiones, rescatando cosas en la calle que le podían servir y las usaba. “Mi primera venta fue una tabla de lavar ropa transformada en repisa, que quedó re linda. Tenía el apoyo total de mi marido que me alentaba. Yo decía, esto va a funcionar, para mí lo más importante es la perseverancia además de la pasión que uno le ponga al trabajo que esté haciendo”.

Vero utiliza mucho las redes, donde expone sus trabajos, se comunica con sus seguidores y se da a conocer. En Instagram es conocida como veropalazzi y tiene más de 30.000 seguidores. En su galería se pueden ver todas sus obras, y por privado se pueden encargar desde adornos hasta muebles reciclados o hasta llevarle los propios para que con su arte los transforme o renueve. “Manejar las redes me lleva mucho tiempo, hay que generar contenidos, comunidad, contestar mensajes para agradecer todo el cariño que me dejan en ellos”. 

Comenzó abriendo una página en Facebook, luego una fanpage y a medida que se fue haciendo más conocida, le empezaron a traer muebles para renovar o adornos, amigos, mamás del colegio. “Tomé la precaución de sacar fotos del antes y del después, fui aprendiendo, cambiando, por ejemplo antes empleaba mucho colorido, romántico, después del 2015, empecé con colores oscuros, gris, negro, combinados con madera. Muy de oído empecé a animarme con la carpintería. Mi primer mueble fue uno con persianitas y se vendió y entonces empecé a construir pequeñas obras con maderas recicladas, que compraba en las demoliciones, que son mi perdición. O a injertar una pata de mueble y sacar un candelabro, roldanas, chatarra, fierros oxidados, etc. Todo me sirve.  Me aburro fácilmente y por eso voy cambiando. Me gusta innovar haciendo cosas que no se vean en todas partes, espejos con hierros rescatados, fruteras con la base de ventiladores de techo. Voy al corralón y veo y voy comprando lo que me gusta”.

Resalta que le encanta la impronta de que lo hecho a mano no es perfecto, y que a la gente le gusta así también. No hace dos cosas iguales, y si algo está un poco torcido tampoco importa. Disfruta mucho juntando en la calle cosas que le gustan y que le pueden servir. “Ni hablar de la chatarrería, ahí sí que me hago un festival. Piezas de motores, fierros, chapitas, todo va a parar a un barril, esperando el momento en que me va a venir bien. Vivo pensando e imaginando, veo un ascensor de esos de puertas rejillas y ya lo veo en un jardín, con flores y rosales trepando por esas rejas, y dentro una araña colgada y dos sillas”.

Confiesa que no sabe coser, aunque se le da muy bien trabajar con hilos, alambres, borlas, lanas. Si le hacen pedidos de muebles a renovar, pide que le den libertad para crear y con sus tiempos. Hace objetos por encargo, nunca tiene muchos modelos iguales, siempre está haciendo dos o tres cosas a la vez, varía mucho, no quiere que sus obras junten polvo. Ama que todo circule, que todos puedan comprar sus obras y disfrutarlas. Por eso trata de tener buenos precios.

Le preguntamos si tiene algún pendiente y nos dijo que sí. “Me piden mucho que realice talleres. Tengo que organizarme. Haría workshops de dos a tres horas, con una temática determinada, donde los asistentes trabajen, aprendan y se vayan con su producto terminado. A partir del año que viene haría uno por mes”.

Siente que el trabajo que hace es una bendición: “Soy responsable con lo que me comprometo y me gusta cumplir con las entregas. Lo disfruto mucho pero también me pasa facturas: espalda y lumbares se resienten y ni hablar de mis manos. Si bien son manos felices…son un horror. Como digo siempre, trabajar con las manos es sanador”.

El 14 de diciembre Vero Palazzi planea hacer un openshowroom en su casa, e invita a otros emprendedores, amigos y amantes de lo reciclado a la inauguración oficial de su taller, para brindar, conocerse, pasar un buen momento, despedir el año y, si desean, comprar algún regalito de Navidad. Será una feria navideña, relajada, sin obligación de compra para conocer todo su trabajo, escuchar música y charlar. En realidad un deleite para los ojos. Los interesados pueden contactarla y combinar cita en su Instragram veropalazzi.