Editorial: Rep├║blica y democracia

(Por Eduardo J. Bidegaray, Editor General Prensa Chica). Acabamos de pasar otro acto eleccionario en este camino que los argentinos recomenzamos a trazar en octubre de 1983, cuando tras uno de los períodos más oscuros y nefastos encarnado por la dictadura militar, el doctor Raúl Ricardo Alfonsín fue electo presidente de la Nación.

¿Recordamos los argentinos lo que sentimos por aquellos días, quienes tuvimos esa experiencia vivencial? Sentíamos que nuestra historia como pueblo tenía una nueva oportunidad de encarrilar su destino a partir de respetar la decisión de las mayorías. Que por delante no deberíamos, nunca más, dejar que nadie estuviese por sobre las decisiones del pueblo. Volvíamos a abrazar esa herramienta de la democracia para tejer los destinos de nuestra república.

Llevamos ya, por suerte, treinta y seis años respetando ese mecanismo democrático que en si mismo es mucho más importante que la decisión que se tome con su uso.

Podremos tener muchas sensaciones tras cada acto eleccionario. Nos sentiremos complacidos cuando el resultado coincida con nuestro voto, y podemos experimentar desazón, si las urnas dijeron algo diferente a nuestra opinión. Pero en lo que todos debiéramos coincidir es en sentir la alegría cívica y la satisfacción republicana de no perder el hábito de entrar al cuarto oscuro para depositar nuestro sufragio.

Tampoco la coyuntura debiera obnubilarnos en pensar que hay quienes son más dueños de la democracia y la república. Porque ambas están por sobre cualquier identificación  partidaria. Sólo lleva el nombre y apellido de todos los argentinos, sin distinción de banderías, porque sino perderían su rol y significado intrínseco.

Cuando las urnas hablan, debemos sentir la satisfacción de saber que habrá por delante más urnas que también hablarán. Será para ratificar o rectificar rumbos.

Y cada vez que ello pase, habrá que anteponer y rescatar el gesto democrático que estamos viviendo.

Cierto es que por infinidad de motivos, hace años que los argentinos nos dejamos devorar por una grieta que nos han impuesto y que irracionalmente alimentamos. Sería superador no olvidar aquel espíritu con el que retomamos el control de la república en nuestras manos. Porque hacerlo nos haría crecer como ciudadanos, por sobre los partidismos.